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jueves, 5 de julio de 2018

Ya no valen las palabras.




Ya no valen las palabras, las palabras son hilos conductores que llevan nuestros sentimientos al otro interlocutor, un momento se queda atrás, una vaga sensación crea un ambiente hostil. Y cuando un abrazo vale más, cuando una mirada es más que una palabra, cuando la sonrisa que me diriges es más que una palabra, los silencios dejan de ser esos silencios que son más que palabras claras. Palabras calladas que hacen sentir indiferencia, la única manera de seguir sintiendo, es resetear nuestra supervivencia para iniciar la palabra.


Cuando la soledad invade un circulo incierto, cuando la luz se apaga y piensas que no hay vuelta atrás. Cuando no valen las palabras y el pasado se junta con el presente, y el futuro se emborrona como una acuarela aguada, en el momento que vivir duele y el dolor no te deja. Cuando las palabras son absurdas interrupciones necesarias para vivir, pero que nos hacen mostrar más oscuridad que claridad.


Cuando las nubes color ocre, se tornan anaranjadas y se deslumbra un anochecer de besos y abrazos donde las palabras sobran. Cuando las palabras no son instrumentos para nada, solo obstaculizan lo que queremos decir. Nos bloquean, no nos dejan expresar las palabras vacías. El tiempo hizo que el silencio nos doliera igual o más que las palabras ardientes. 


Te quería, no tenia el valor de decirlo, pensé que mis abrazos y besos eran suficientes. Aunque me decías de forma insistente que te hacía falta, la ausencia de palabras me hacia ser sordo de ti. 
-¿Ignorancia o silencio? -Lo gritó con su subconsciente. Sus labios se colapsaron al intentar pronunciar esas palabras, entonces sin mirar atrás te diste cuenta, gritaste con el dolor, con la soledad, con tu corazón.
El aullido mas aterrador que escuche en toda mi vida fue aquel momento en el que te diste cuenta y sin querer mormuraste—¡Y SI YA NO VALEN LAS PALABRAS!

martes, 21 de julio de 2015

El camino.





Respiraba entrecortado. Corría y miraba para atrás. El sudor corría por sus mejillas. La onda expansiva lo dejo semi inconsciente en la cuneta de la carretera. Cuando se despertó no veía por el ojo derecho, la sangre se había convertido en una máscara gruesa. Las manos pulposas intentaban quitar la espesa masa. Le zumbaban los oídos, resultaba mareante. Se levantó con las pocas fuerzas que tenía, parecía un zombi. Miro a su alrededor, por suerte le dieron por muerto. A la derecha había un tractor verde, estaba totalmente agujereado, su parte de atrás estaba desintegrada. El único sentido que tenía intacto era el olfato. La materia orgánica en descomposición era insoportable, sentía con vigor el viento que rozaba los cereales. El trigo debía estar cortado por aquella época, su sombrío amarillo resaltaba su sequedad. El viento caluroso movía la paja haciendo movimientos alocados. Los brillos deslumbraban sus ventanas arenosas. Parecía imposible que hubiera algo bello entre tanto terror. 

Si no encontraba ayuda, su vida llegaría a su fin en pocos días. Sin querer, sus ojos se dieron de bruces con el retrovisor. 
-¿Quién era ese?—se dijo a sí mismo entre susurros. 
Se tocó el rostro, garabateo con sus dedos las líneas desafiantes de la mandíbula. Sus ojos estaba marcados por las arrugas y por las pronunciadas ojeras, con la saliva rozó los restos de sangre, limpió los hilos de fluido que salían por los oídos. El pelo de su barba estaba quemada por el lado derecho. Para él, era incluso divertido notar las clavículas huesudas con los dedos. 

Su respiración se alteraba, revivía, soñaba en vida. Nadie podía entenderle, el dolor se acumulaba, las tripas se retorcían por el sufrimiento, activando necesidades que le dejaban rozando la inhumanidad, sintiéndose espiritualmente desarmado.

Nada podía hacer, el odio dominaba todo, el mundo está difuminado por una venda que cubría una ceguera patológicamente emocional.


Escrito por cualquiera que se enfrento a una batalla.




"El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor."  BUDA