Solo el sol me ciega la vista, hace mucho que tengo los ojos del alma bien abiertos, para sentir, amar y pensar.

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lunes, 8 de mayo de 2023
El bosque.
domingo, 11 de diciembre de 2022
El cuentacuentos.
domingo, 14 de febrero de 2021
Doce años sin descanso.
Distraídos sus ojos se fijaron en los de ella, su tiempo se paró, se quedaron abducidos, estaban pasando los momentos más hermosos de su vida. Inconscientemente, sin querer, el mundo eran ellos. Ella era delicada flor invernal, que temerosa aunque valiente florecía en el temporal. Él era un volcán inactivo latente, el magma había maltrecho su mundo por años, pero deseaba apaciguarse con Vulcano y que sus laderas engendraran vida. No lo sabían todavía, a lo mejor nunca lo sabrían. Los años habían pasado con alocada rapidez. El amor había resplandecido, había surgido con duda, con miedo, despacio, reposado con encendida y con alocada pasión. No entendían lo que les ocurría, todavía hoy no entendían por que se amaban con la misma pasión que hace doce años, no sabían que juntos son perfectos. Estimulado con mimo por cupido fue regalando flechas de amor, con el consciente manejo de los momentos y con inexistentes pausas se fueron enamorando, mientras se conocían exploraron con avidez sus cuerpos. Los primeros meses fueron un choque de trenes, una explosión de sensaciones, una locura llamada deseo, cientos de momentos, sueños, fracasos, anhelos, vivencias que se fueron convirtiendo en una vida. La llama incandescente que encendía sus antorchas no había parado de brillar, los años eran ninguno, ninguno de los años fueron muchos. Los dolores descritos habían sido esclarecedores, al abrir sus emociones se descubrieron, la vida les daba una oportunidad de reencontrarse. Corrieron temerosos a confesarse los más denostados secretos, sus errores, vulnerabilidades, las más inconfesables verdades. Solo así llegaron al conocimiento de sus espíritus, así cumplieron los más bellos anhelos. Hacía siglos que no veía tal esplendor de belleza, se había difuminado con individualismo y egocentrismo despiadado.
“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”
Antoine de Saint-Exupéry
sábado, 31 de octubre de 2020
Carta de amor de un orco a una elfa.
Traducción de la Carta de amor de un orco a una elfa
"Minas Tirith
Se que soy una bestia, que mi corazón es más negro que el dragón Ancalagon creado por nuestro señor Morgoth. Que mis dientes son puntiagudas sierras cortantes que desgarran y cortan todo lo que puedo comer. El hambre se adueñó de mi, rocé la locura, comer a mis propios hermanos hubiera sido la peor de las bajezas, solo los más viles de entre nosotros lo hace, por ti mi dieta son sólo insectos, refugiado en una oscura cueva, repudiado por todos, eres mi única esperanza. Aunque te parezca paradójico eres mi única e indiscutible razón de existir, si tu me lo dijeras, solo con un susurro de tu voz, yo daría mi vida por tí, mi sangre negra se estremece cuando sales por el bosque a cantar y hablar con los árboles. Con tu canto das vida, alegría y esperanza en la desazón, a todos los seres del bosque. Cuando tengo frío recuerdo tu canto y rápidamente viene a mí el calor. Lo que más me gusta de ti son tus palabras cantarinas, se las das a quien las necesita y consuelan a quien las busca. Nosotros estamos limitados, lo que dicta mi corazón no puede ser expresado, la lengua negra es arcaica, me cuesta mucho expresar lo que siento. Nuestro señor Bauglir no le dio importancia a las vicisitudes de un orco enamorado. Amas a todos los animales o plantas, en definitiva a todo, por eso me siento algo amado por ti. Que dulce ironía, que estes tan cerca de mi y a la vez estes tan lejos.
El otro dia te pusiste una flor en el cabello, se vislumbró, tu oreja puntiaguda, la carne sobresalía deliciosa. ¡Qué sorprendente similitud! Somos iguales e diferentes, tu eres hermosa, ágil, valiente, inteligente y bella, en definitiva única.
Nunca te lo he contado, pero soy un proscrito, por un viejo camino te vi, sonreías a un honorable caballero, creo que un rey de los hombres. Yo tenía la misión de no ser visto, de observar como un buen cuervo. Abandoné todo sentido, de ser el más vivaracho de mis hermanos, me apoqué y me volví el más retraído. Solo pensaba en ti, en tus hermosos y carnosos labios, tus enormes ojos verdes eran el reflejo del lago Kheled-zâram en los hermosos y cortos atardeceres. Tu pelo largo estaba trenzado, engarzado con una sencilla cuerda. Dejé a mi regimiento, en una de las paradas en la cual protegíamos a unos cortadores de leña, me fui, sabía que ya no volvería, por que la deserción se pagaba con la muerte. No había otra manera, nadie había sido perdonado, las acciones en el mundo de los orcos siempre tienen una reacción. Apesadumbrado estaba, nunca había escuchado que ninguno de mi especie se hubiera enamorado de una elfa. Te esperé, rogando que volvieras a ver al señor de Reyes, mi paciencia fue recompensada, aquella tarde te volví a ver, vi un destello en tus ojos, me miraste directamente, fue solo un segundo. Pensé atontado que te estarías preguntando porque estaba totalmente tapado, solo mis ojos se mostraban, este disfraz me hacía pasar por humano. La calidez de tus ojos me llenó de valentía, en ese preciso momento podría haber desafiado a Gandalf o luchado por tí ante el mismísimo Hranduil rey de los elfos. Te seguí, fui tu sombra por muchas lunas, a veces tenía la impresión de que mirabas para atrás, decían que los elfos no podían ser perseguidos, que un sexto sentido los prevenía. Me descubrieron unos hombres y envalentonado por ti, no fueron rival para mi, se que no lo debería haber hecho, si te enteraras no te gustaría, pero mi naturaleza es una y no puede ser cambiada. Siempre iba a un día de ti, preguntaba a las bestias, nuestros silenciosos espías, arriesgando mi propia cabellera, cualquier pregunta incómoda podría delatarme. Cuando entramos en Rivendel, el mismo bosque pareció erizarse contra mí, lo notaba incómodo. Me imagino que era la sorprendente manera de recibir a un Uruk-hai, sabían que tenían un nuevo visitante.
Te vi bailando, el bosque de cicutas entonaba con tu pelo, tu piel contrastaba con los bellos colores de las flores, cogiste con tus manos de porcelana una flor, con tu canto segregaron un perfume que llegaba hasta donde yo estaba. Desde mi refugio te veía, la cueva más oscura, húmeda y lejana de ti. Quise gritarte, decirte algo, expresar todo el amor que llevaba dentro, pero solo hubieras escuchado un ruido nauseabundo. Me di cuenta que eso nunca ocurriría, que siempre me verías con repulsión, aunque mi alma te veía como un ángel, no podía cambiar el hecho principal, somos enemigos, antónimos creados por Belegurth, para burlarse de vuestra belleza. Era el momento de ser valiente."
P.D. Me sentí culpable, el más venerable de los orcos, por nada dio todo, su amor será bendecido por los “Valar”. Mis hijos Eruwaedhiel y Yahehtedainen al conocer su historia pensaron que debía ser contada, para que tal historia de amor nunca fuera olvidada.
Valar: Dioses del señor de los anillos.
Lengua Negra: Idioma de los orcos.
Uruk-hai: Razas de orcos.
Kheled-zāram: Hermoso lago.
Rivendel: Es la casa de Elrond, el medio elfo(union entre elfo y humano), habitada por Elfos al oeste del El bosque negro.
Melkor, Bauglir, Belegurth o Morgoth: Primer señor oscuro.
Ancalagon: Dragón negro.
Badar:Jesus en nombre elfico.
Mirime: Charlene en nombre elfico.
Eruwaedhiel: Isabella en nombre elfico.
Yahehtedainen: Alejandro en elfico.
martes, 14 de abril de 2020
El Principito.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
Amor en desuso.
Entre el amor y la violencia, siempre acaba triunfando el amor. Abraham Lincoln.
domingo, 7 de mayo de 2017
Mama
Isabella y papa.
sábado, 2 de julio de 2016
La agradable cotidianidad.
domingo, 12 de junio de 2016
Saudade.
Todavía recordaba esa noche, su cara era todavia joven y no llena de vertiginosas arrugas. Una bella mujer, unos ojos negros grandes como los de un gato, pelo ensortijado hasta la cintura, su cuerpo tostado contoneaba una cintura estrecha con unas piernas inmensamente largas. Había pasado semanas lanzándole miradas suntuosas, durante dos días busco sus ojos por todos los sitios pero se habían ocultado, estaba desaparecida. En la salida de una puerta almidonadamente adornada cogio furtivamente su mano, su boca rozó su oído, entonces escucho con tonalidad musical esa palabra, todavía recordaba la horda de sensaciones sin disciplina que recorrían su cuerpo inexperto. Las noches en que bebía recordaba, y cuando recordaba solo sentía que el que no tiene nada solo sostiene su presente con los hermosos tiempos del pasado.

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